Mostrando entradas con la etiqueta concierto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta concierto. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de octubre de 2010

Noches de agua y whisky con Rafa Pons

Intérprete: Rafa Pons
Gira: Finsisto Tour
Lugar: Sala Galileo Galilei (Madrid)
Género: Cantautor
Fecha: 13 de octubre de 2010
Precio: 10 euros

Un trago de agua alternado con un buen lingotazo de whisky. Así es Rafa Pons. Este cantautor barcelonés de voz bohemia y semirrasgada recurrió a estos dos elixires de la eterna juventud para sacar toda la energía que lleva dentro y levantar la madrileña sala Galileo hasta convertir lo que apuntaba a ser un sosegado concierto acústico en un guateque improvisado.



 
La definición de cantautor le viene al pelo a Rafa Pons: “Cantante, por lo común solista, que suele ser autor de sus propias composiciones, en las que prevalece sobre la música un mensaje de intención crítica o poética”. Eso dice la RAE. Bingo. Esa poética se deja entrever tanto en las canciones de fondo romanticón como en “las otras”, las cañeras, esas que dejan a un lado el sentimentalismo y prefieren reflejar a un artista desenvuelto y vividor. Agua y whisky, otra vez.

Cuando escuchas por primera vez a este cantautor catalán lo primero que percibes es que suena bien, te da buen rollo. Ha sacado al mercado dos discos, Mal te veo e Insisto, y tiene un tercer vástago en camino. Pero cuando realmente percibes que este chico no tan chico tiene madera para vivir de esto que es el mundo de la música es cuando le ves actuar en directo. No por el gran ambiente que rodea a sus actuaciones, ni porque tenga una voz que traspase las paredes, ni por el despliegue mediático que atesora a su espalda. No. Es otra cosa… es lo que transmite. Sus conciertos aúnan la música con pequeños fragmentos del club de la comedia entre canción y canción. Estos comentarios no pretenden más que introducir el siguiente tema, pero se convierten en una forma inmejorable de conectar con el público. La audiencia del Galileo Galilei madrileño recibió más frío que otra cosa a Pons el pasado miércoles, pero acabó el concierto prácticamente subida a las mesas, cantando como si no hubiese mañana y con un inmejorable sabor de boca. Eso es Rafa Pons. Conexión. Y un puñado de buenas canciones en la mochila.

Se levanta el telón
Si tienes una canción que hable del mundo del espectáculo y de tu afán por triunfar en el panorama musical no dudes en abrir un concierto con ella. Eso hizo Pons, y “Segundo acto” inauguró el show. El público, frío, calculador, escrudiñaba cada movimiento del artista de la noche. Poco a poco, fueron entrando en faena.

El ambiente de la sala, relajado, modernista, oscuro y a la vez cálido, parecía hecho a medida de las baladas que sonaron a continuación. Quizá la sala las hizo perfectas, o al revés. Qué más da. El caso es que “Mosquetera”, “Nonainonainonero” o “Supongo” tocaron la fibra sensible de los espectadores, que a cada tema que pasaba se iban identificando más con el concierto. “Mi madre me dice que haga canciones bonitas”, comentó Rafa Pons entre risas con una voz de inocentón que quería dar a entender que nunca había roto un plato. Pero tanta ñoñería termina por cansar al personal.

“Empecé la noche con Noriega”
“¿Qué preferís ahora, una canción de las bonitas o de las otras?”, preguntó Pons al tendido. La respuesta no se hizo esperar. La gente pedía farra y “El gallito” no fue suficiente para cubrir las exigencias del respetable. Para lo que sí sirvió fue para que Santi Noriega, guitarrista, saliera a escena y se ganara a la audiencia con sus gritos mejicanos. Tanto éxito tuvo que el propio Pons se vio obligado a alargar una parte musical de la canción porque los espectadores se reían a carcajadas de la actuación del músico y apenas le hacían caso. Hasta a él intentaba contener las risotadas. El otro momento estrella de Santi Noriega llegó con la canción que lleva su nombre: “Empecé la noche con Noriega”, donde cuenta los desmadres que se corren los dos amigos. “Pero, ¿qué es lo que hice ayer? Sólo recuerdo que empecé la noche con Noriega…”.

Suena al piano la famosa melodía con la que Darth Vader se paseaba por la Estrella de la Muerte “hace mucho mucho tiempo en una galaxia muy muy lejana”. Es el preludio de “Julia Roberts”. Este homenaje a los clásicos del cine no podía faltar en el show. Pons derrocha ingenio en esta canción ocurrente y original que presenta un pequeño desafío para todo el que la escucha al tratar de adivinar a qué películas se refiere Rafa cuando dice “Tengo el Pons, pero me falta el Indiana” o “Reencarnarme en serpiente de Salma Hayek”. Fue una de las más coreadas de la noche.

Rafa Pons aún no ha acabado la gira de Insisto y ya tiene en la recámara el que será su tercer disco de estudio. El barcelonés no quiere dar pistas ni que sus nuevas canciones se hagan públicas antes del lanzamiento oficial, pero no se resistió a ofrecer un pequeño adelanto a los fans que se congregaron en el Galileo. Aunque, eso sí, trató de convencerles de que colaboraran a mantener el misterio: “Preferiría que no las subieseis a Youtube todavía…”, pidió a los presentes. “Me enamoré de una mosso d´esquadra” y “Nos vamos conociendo” sirvieron para abrir boca y dejar a los asistentes con la miel en los labios, con ganas de meterse de lleno en ese nuevo trabajo.

Punto de inflexión o cómo meterse al público en el bolsillo
Me tienes contento”, canción utilizada por un periódico para publicitarse hace unos años, marcó un punto de inflexión. Si a base de cercanía y gracietas se había ido ganando al público, con este tema Rafa Pons se metió a los asistentes en el bolsillo. A partir de aquí estarían volcados. El compositor dirigió una pequeña competición entre los allí presentes: ¿quién canta más fuerte, los chicos o las chicas? A cada uno les asignó una frase de la canción y a gritar se ha dicho. Ganaron ellas. Y el espectáculo.

Esa profunda implicación del público reapareció con “Malaputa” y su coreografía. Algunos valientes subieron al escenario a bailar mientras el resto de la sala se despegaba por primera vez en la noche de los asientos e imitaba sus movimientos (unos mejor que otros) como si de un guateque improvisado se tratara.

“Camarero ponga un vodka a Rafita Perestroika”
Entonces Rafa se despidió. ¿Qué pasa, que en el punto álgido del concierto Rafa decide que ya está bien y cierra el grifo? Nanai. A la mínima que el público empezó a corear el “otra, otra” de rigor volvió al escenario. “No estamos para hacernos de rogar”, comentó al volver. Y el subidón continuó con las aventuras de “Rafita Perestroika” en la noche barcelonesa.

Voy persiguiendo” puso el punto y final al espectáculo entre gritos, saltos y un desmadre aprovechable para continuar la fiesta en otra parte. Rafa Pons terminó el concierto, según sus propias palabras, al estilo Operación Triunfo: con el puño en alto y disfrutando de una merecida ovación. Había cumplido su misión: no sólo no defraudó con sus canciones, sino que consiguió contagiar toda su energía a un público que terminó volcado y que se llevó de regalo la siempre satisfactoria sensación que deja el dinero bien invertido.

Jugar en Primera División
La élite del mundo de la música, la Champions League, está reservada a unos pocos elegidos que pueden jugarla gracias a su calidad como artistas o por la discográfica e intereses que tienen detrás. Rafa Pons todavía no juega en la máxima competición, ni siquiera aspira a la UEFA (la Europa League para los más quisquillosos). Pero paso a paso va subiendo escalones y, si en algún momento al mundo le diera por convertir en real esa justicia de la que tanto se alardea pero que tan poco se aplica, este cantautor jugaría en Primera División. Su estilo sería similar al del Getafe (de Schuster, de Laudrup, de Míchel, lo mismo da): un equipo que con poco hace mucho, que cada temporada se supera y que de vez en cuando da la sorpresa colándose en finales y en posiciones que en un principio parecían reservadas a la élite. Y todo ello a base de trabajo y humildad. Y de una necesaria dosis de calidad que a Pons ya le viene de fábrica.

De camino a casa también te da por pensar en lo corrompido que está el mundo, concretamente el negocio multimillonario que es la música. “Mal te veo, Rafita, mal te veo”, parecen decir los que llevan la voz cantante en ese panorama. Es más, yo diría que andan un poco ciegos. Y te duermes con ese pegadizo “mal te veo” martilleando en tu cabeza mientras piensas en por qué razón astral este chico no estará llenando teatros por toda España. C´est la vie, que diría Bob Seger. Esa vie que es cara y cruz, blanco y negro, una de cal y otra de arena. Whisky y agua.




viernes, 27 de noviembre de 2009

Pereza vuela en Madrid

Intérprete: Pereza
Gira: Puro Teatro Tour
Lugar: Teatro Circo Price (Madrid)
Género: Rock español
Duración: 130 minutos
Fecha: 26 de noviembre de 2009
Precio: 30 euros
Teloneros: 84

Leiva y Rubén, o lo que es lo mismo, PEREZA, dejaron claro por qué son los “maestros del rock´and´roll” español (en palabras del líder de 84, sus teloneros en la gira) en un Teatro Circo Price lleno hasta los topes. El aire intimista del teatro combinaba perfectamente con su último disco, “Aviones”, y permitió al dúo madrileño sentirse más cerca de su público a la vez que desplegaban todo su potencial en directo.

Algunos menosprecian a Pereza considerándoles y grupo para adolescentes. Si se acercaran a algunos de sus conciertos, por no decir que escucharan detenidamente sus creaciones, se morderían la lengua. Ya en “Aproximaciones” se veían atisbos de madurez musical, madurez que en “Aviones” es tangible y que ha llegado a sus directos. En el teatro el público superaba la veintena y los minis de cerveza, a pesar de su elevado precio, corrían a mansalva. Los madrileños 84 fueron los encargados de ir abriendo boca. Temas como “El burdel de las sirenas” sonaban mientras los más rezagados iban llegando y completando el aforo del Price antes de que hiciera su entrada el plato fuerte de la noche.
Empieza el espectáculo
Con puntualidad inglesa, a las 22.00, comenzaron a sonar los primeros acordes de “Leones” y el público recibió a los Pereza entre gritos y aplausos. Ataviados con el típico estilo rockero que les caracteriza, Leiva con chaleco negro y Rubén con americana del mismo color y ambos con pantalones de pitillo, siguieron con un recordatorio de sus éxitos anteriores, como “Como lo tienes tú”, “Animales”, “Yo nací para estar en un conjunto” o la exitosa “Estrella polar”.

A continuación llegó el turno de las nuevas propuestas. Rubén tomó las riendas e hizo gala de sus aires de chulo madrileño con el tema “Voy a comerte”, para después deleitar a los allí presentes con, en sus propias palabras, “la parte hindú del show”. Así, se puso frente al micrófono para cantar “4 y 26” mientras Leiva le acompañaba con el suave sonido del banjo. Uno de los momentos más emotivos de la noche llegó con “Amelie”, canción inspirada en la película del mismo nombre. Hasta entonces los Pereza no habían hecho apenas interrupciones entre canción y canción, pero Leiva rompió la rutina: “A veces las imágenes exteriorizan mejor los sentimientos que las palabras. Vi en las noticias cómo se quemaba un edificio en un momento en que estaba muy jodido por dentro”. Eso le inspiró para escribir el siguiente tema: "Windsor". La encargada de cerrar este bloque de nuevas canciones fue “Pirata”, una de las más flojas del disco, pero que, según Rubén, cuadra perfectamente con el espíritu del rockero.

Homenaje a McCartney
El dúo suele hacer mención a sus inspiraciones musicales tanto en sus letras como en las entrevistas. Ayer fue el turno de homenajear a uno de los más grandes de la historia de la música: Paul McCartney. “Siempre nos acordamos de Lennon o de Harrison”, alegó, “pero este hombre canta como los ángeles, toca como los ángeles y sigue componiendo como los ángeles”. Y sentenció: “Todos los que no seamos Paul McCartney somos una mierda de gente”. Entonces los madrileños cantaron algunos versos de “Work it out”, tema del homenajeado, y los enlazaron, como no podía ser de otra manera, con su “Beatles”.

Más canciones de “Aviones”, la romántica “Llévame al baile” y el primer single “Violento amor”, precedieron al momento “casero” del show: “Madrid” y “Lady Madrid” fueron coreadas por los fans de la capital a voz en grito. En el siguiente tramo el protagonista fue el CD “Aproximaciones” (“Por mi tripa” o “Todo”) y “Grupis” cerró el show. La banda se retiró del escenario y los más despistados comenzaron a levantarse de sus butacas. Pero las luces seguían apagadas y, después de que el público pidiera en repetidas ocasiones “¡otra, otra!”, Pereza volvió a salir al escenario. “La chica de Tirso” o el antiguo número 1 “Pienso en aquella tarde” fueron las elegidas para este primer tiempo extra.

Teatrillo musical
Tras el segundo amago de abandonar el escenario, el dúo madrileño sorprendió a los presentes con un pequeño teatrillo: la simulación de un atraco a mano armada y Leiva y Rubén vestidos con gafas de sol, gorros de vaquero y bandanas a la cabeza abrieron la última parte del show, y la más gamberra: “Señor kiosquero”, versión del tema del grupo argentino Intoxicados, y “Superjunkies” (pedida incansablemente por los fans durante toda la noche) marcaron el punto y final. “Esperamos que la entrada que hayáis pagado haya sido impagable”, dijo Leiva. Amén.